La libreta vieja, ama, escucha y hablaEscribe; Walter Pimienta J.- Mi madre tenía el hábito de anotar a lápiz, en una vieja libreta escolar que yo ya había abandonado, sus cosas del día a día: “Hoy nos visitó “La Mosca” y para que se fuera tuve que comprarle un numero de una rifa que nunca nadie se gana”- escribió esa vez con su delicada caligrafía.
Ya, desde siempre, en ese mismo cuaderno, acostumbraba también mi madre a escribir las cosas importantes: “Debo ir a la reunión escolar para enterarme de lo de la primera comunión de Walter”- se leía en una hoja de punta doblada. También escribía cosas triviales o ni tan triviales: “Se acabó el café”. “Conchita (la vecina de la esquina) me va a regalar un tronquito de rosa fina”.
En aquella libreta vieja marca “Norma”, mi madre también rescataba la memoria del pasado: “ El 9 de abril de 1948, mataron a Gaitán y Colombia entera lloró”. Y allí mismo sobrevivía a sus propios espantos: con esto: “El té de limón con miel, sirve para la tos y el resfriado”.
“La Mosca” visitaba al pueblo los jueves y siempre se le metía a la casa porque siempre también estaba la puerta de la calle abierta. Y se sentaba en los muebles de la sala, calladita, hasta que, al verla allí arrellanada, mi madre decía: